Tantra Universal

“Brahma es el único gurú.” Este dicho de los Upanishads representa una concepción muy universal de la divinidad. Brahma literalmente significa aquello que es grande y que hace grandes a los demás. En otras palabras, Brahma es la Conciencia del Macrocosmos, del universo entero. El gurú no es otro que la Conciencia Suprema y no puede estar contaminado por parcialidades ni prejuicios ni por ninguna proyección relativa de un mesías o gurú humano. Lo que es, simplemente es. Si la Conciencia Suprema puede crear todo este universo, entonces seguramente existe una manera directa y no mediada de comunicarse conmigo, un pequeño microcosmos dentro de este Macrocosmos. “¿Soy una figura aislada, en lo vasto, un pequeño ser insignificante? No, no, no, no estoy solo, lo grande está conmigo.”

Y uno podría imaginar que una divinidad Macrocosmica semejante no es un dios mezquino de un determinado país, clase o sociedad de seres humanos exclusivos que merecen su misericordia. La diminuta mente microcósmica humana, con sus prejuicios y apegos, finalmente comprende que “dios” no se encuentra a través de ninguna forma finita, ni material ni mental. Los libros sagrados, los mesías y los Budas fueron simplemente aproximaciones a una verdad interior y mística. Solo aquellos que se atreven a cuestionar la raíz de su propio ser, libres de estos apéndices, podrían posiblemente encontrar la raíz de su ser libre de todo condicionamiento relativo. El no-dualismo, o Advaita, es la idea de que, en última instancia, la conciencia del microcosmos individual y la del Macrocosmos son fundamentalmente la misma. Esto no quiere decir que mi conciencia se haya convertido en la conciencia del universo, ni que el ego se convierta en dios. Más bien, mi conciencia ha sido acogida, aceptada, transformada, digerida y finalmente asimilada dentro de la conciencia viva y activa del Macrocosmos o Brahma. El microcosmos ya no es una entidad separada que crea reacciones negativas y contamina el mundo mientras huye de un sueño vacío al siguiente. El microcosmos iluminado es una célula mental unificada con otras células mentales que forman un Macrocosmos, un cuerpo colectivo de mentes. Aquí, uno no puede traer consigo apegos, prejuicios ni ningún otro problema mezquino de control del ego. En el momento en que surgen, el Macrocosmos te derriba de tus pies. Hace falta mucho tiempo, evolución, ensayo y error para encontrar un flujo de unidad hacia el Macrocosmos. Uno debe desaprender el ego condicionado socialmente e indoctrinado, junto con todos sus instintos mentales y biológicos heredados, para poder aprender los caminos de Brahma.

Solo aquellos que nacen con facultades intuitivas desarrolladas pueden comprender estas verdades sin seguir maestros ni caminos. De alguna manera, la vida simplemente enseña estas lecciones interiores. Sospecho que estas mentes están “preparadas” con este conocimiento desde el nacimiento y que probablemente lo aprendieron anteriormente. Platón consideraba todo conocimiento como algo que ya había sido aprendido. Lo que experimentamos aquí en el mundo finito son recuerdos de verdades ya conocidas. El genio, según esta perspectiva, no es más que tener a nuestra disposición aquello que ya ha sido aprendido. La orientación espiritual se desarrolla de manera innata en algunas personas, al igual que el arte, la música o las matemáticas se desarrollan de manera innata en otras.

La idea de un gurú humano o de un maestro espiritual es ayudar a comprender estas verdades fundamentales y cardinales del no-dualismo, o advaita. Un gurú es alguien que ha recorrido ese camino y es capaz de mostrárselo a otros. Sin embargo, la mayor parte del tiempo, el concepto de gurú no es más que un opio para una personalidad desesperada, separada de la vida del universo debido a su ignorancia y egoísmo. La creencia es, en su mayor parte, una compulsión desesperada, y la idea de un gurú es a menudo una espada de doble filo. Normalmente, cuando las personas te hablan de gurús, quieren convencerte de alguna idea. A menudo quieren que otros se agrupen con ellos bajo algún mesías omnipotente, gurú, y su religión o institución. En realidad no quieren tener sus propias experiencias, sino que prefieren adoptar las ideas y tradiciones de otros para encontrar seguridad y refugio. Cuanto más absoluta es la idea, más efectivo es el opio y más calmada queda la compulsión del pequeño ego temeroso y separado por aferrarse a alguna forma de significado.

Si uno logra atravesar estas ideas limitadas acerca del gurú, entonces quizá pueda realmente comprender algo de otro ser humano que es sabio y compasivo y que solo tiene en mente nuestro bienestar.

Cuando llegué por primera vez al ashram de la India, conocí a un yogui que me contó algunos secretos muy útiles. Inmediatamente me tomó bajo su confianza. Me miró intensamente y sentí como si me estuviera escaneando. Lo primero que me dijo fue un consejo sobre cómo transmutar las energías sexuales. Nunca había escuchado a un monje hablar de estas cosas tan abiertamente y, sin embargo, con tanta inteligencia y pureza. Lejos de ser fantasías perversas o hipócritas de un monje célibe, era la comprensión más práctica del deseo que había escuchado en mi vida. Como joven soltero, aprecié enormemente sus conocimientos. Lo segundo importante que me dijo fue que algún día probablemente la orden terminaría matando a sus propios santos. Se rio a carcajadas, pero hablaba en serio. En aquel momento era algo inconcebible para mí. Además, parecía una herejía porque todos los demás solo hablaban de lo grandiosa que era la orden y de cómo el gurú había dejado todo su poder y su gracia en esta organización. Ahora, 20 años después, entiendo lo que quiso decir.

Más tarde, durante otra visita, me contó cómo los yoguis pueden abandonar sus cuerpos y viajar a través de las dimensiones interiores del tiempo y el espacio. Dijo que era otra realidad en la que no existen estos factores relativos de tiempo y espacio. Era una Tierra de los Sueños que era incluso más real que la realidad física, una especie de depósito astral de toda la experiencia y memoria humanas, pasadas, presentes y futuras. Dijo que en este plano de realidad podías saber cualquier cosa que necesitaras saber y encontrarte con quien necesitaras encontrarte. Yo estaba ansioso por visitar este Salón de los Inmortales. Me explicó cómo abandonar mi cuerpo y a qué hora de la noche podía hacerlo. Salí de aquella conversación con el deseo de ver si de alguna manera podía conocer algo del maestro de aquellos grandes hombres que estaba conociendo y que me inspiraban.

Más tarde, aquella noche, seguí la técnica prescrita. En ese momento no ocurrió nada. Después me dormí y entonces comenzó a funcionar. Me desperté completamente con una sagrada descarga de relámpago espiritual en la columna vertebral. Podía sentir cómo la kundalini ascendía. Podía sentirla deslizarse a través del líquido cefalorraquídeo que se estaba concentrando dentro del cerebro. Cuando entró en la cabeza, solo había luz y sonido; todos los colores estaban contenidos en el blanco y todos los sonidos dentro de Om. Durante toda la noche hubo un vórtice giratorio de energía moviéndose alrededor de la coronilla de mi cabeza. No tenía forma, solo sonido y color. Estaba completamente despierto, pero cuanto más ascendía la kundalini, más entraba en un estado muy consciente de trance. Era más real que cualquier cosa que hubiera experimentado jamás. En lugar de un mundo de formas y masas, todo era una vibración muy sutil y apacible. Comprendí cómo el chakra de la coronilla y la glándula pineal eran el receptor y canal microcósmico para entrar en el Macrocosmos infinito y sin forma. Todo tenía sentido como idea pura. No había miedo ni incertidumbre ante esta realidad desconocida. Todo era dicha y me sentía completamente libre y puro. Me di cuenta de que mi cuerpo yacía sobre mi cama en trance, pero que mi conciencia estaba claramente en el Presente, sin nombres ni formas.

De vez en cuando veía la forma del gurú y toda la escena vibratoria se convertía en algo más parecido a un sueño, solo que mucho más real y lúcido. Pensaba: “esto es un sueño”, pero sabía que era un tipo de sueño muy especial. Hasta el día de hoy lo recuerdo con la misma claridad que un estado de conciencia “despierto”.

Escribí sobre experiencias semejantes no para enseñarlas, sino para afirmar que estos fenómenos son reales y que existen sistemas humanos de práctica que pueden enseñar métodos para alcanzar tales experiencias. La gente me ha preguntado cómo puede tener experiencias semejantes. Nunca querría asumir la responsabilidad de enseñar técnicas tan extremadamente avanzadas a otras personas y arriesgarme a que cometieran errores peligrosos. Sin embargo, podrían hacer lo que yo hice justo antes de que me enseñaran la técnica mencionada en el ensayo. Creo que existen ciertos requisitos previos para estas experiencias y que no ocurren al azar. Y para mostrar que el Tantra es una ciencia intuitiva y que estas experiencias son reproducibles, debo explicar brevemente cómo puede hacerse.

Primero hay que comprender Yama y Niyama y después recibir iniciación tántrica. Después de mucha práctica, uno puede despertar la kundalini por encima del chakra Manipura (el ombligo) hasta el Anahata (el corazón espiritual). No estoy hablando de una experiencia única ni de una experiencia inducida por plantas de poder. Hay que mantener la kundalini en anahata durante la meditación todos los días durante un mes. Tendrás hambre constantemente y nada saciará tu apetito. Tu mente estará enloquecida por la intoxicación divina y comer será doloroso pero necesario para continuar la transmutación. Lo más probable es que te vuelvas muy delgado y quemes casi toda la grasa de tu cuerpo. Todos los recuerdos, tanto buenos como malos, de tu existencia anterior serán purificados en el fuego de la kundalini.

El gurú vendrá regularmente a ti en sueños. Te mostrará la sombra de tu existencia para que puedas dejarla ir. No como castigo, sino como purgación, tu gurú vendrá en forma de terror divino. Una vez más, después de aquella primera experiencia mencionada en el ensayo, mi conciencia volvió a abandonar mi cuerpo y entré en la Tierra de los Sueños. Vino a mí con un verdugo encapuchado y le ordenó que atravesara mi ombligo con una espada. Lo hizo. Era más real que un sueño. Estaba aterrorizado hasta que sentí que ya no había miedo, sino solo dicha. Ya no podía sentir el ombligo de mi cuerpo sutil ni el mundo astral de nombres y formas. Ya no había un gurú al que perseguir. Solo había luz. Estaba en el elemento cósmico del “aire”, de la idea pura. Permanecí allí incluso después de salir de aquel misterioso sueño.

Todos te considerarán loco y es probable que los restos de tu ego sean aplastados y completamente humillados. “¿Eres un hombre de familia con hijos? ¿Estás preparado para atravesar el infierno?” Avanzar lenta pero seguramente no siempre es algo tan malo. Primero ama al mundo y a todos los que hay en él mientras purificas la mente y el cuerpo. Deja que tu Atman sea testigo de una vida plenamente vivida y de un propósito humano completo. Todo sufrimiento que permanezca quema las semillas del samskara y permite que entre más dicha en tu mente. El sufrimiento florece en amor divino mediante el servicio a los demás. Uno abandona incluso a sí mismo en una dulzura perfecta. Solo en esta devoción pura debería uno intentar lanzarse desde este mundo hacia el siguiente. Solo en este estado recibe uno la gracia necesaria para hacerlo.

Hasta el día de hoy sigo intentando comprender el significado de aquellas conversaciones tan detalladas con la aparición del gurú. Quizás no era absolutamente necesario que apareciera en forma humana ante otro ser humano en un estado de sueño lúcido, pero fue un toque muy personal y afectivo de algo o alguien muy sublime. A medida que pasan los años, estas revelaciones se vuelven aún más claras y la vida adquiere más sentido. Solo había una cantidad limitada de cosas que podía comprender como pequeño aprendiz espiritual a principios de mis veinte años. Eran experiencias que, por su propia naturaleza, necesitan toda una vida para ser realizadas.

Aunque nunca he predicado ni tratado de convencer a otros acerca de la divinidad del gurú, jamás he dudado de esta influencia en mi vida. Durante muchos años ni siquiera hablé de él. Fue una lucha sutil por reconciliar la forma con lo sin forma, y la idea de que el arquetipo del gurú pudiera realmente aparecer con una forma humana. Siempre consideré esto último como una posibilidad relativa y nunca quise que mis experiencias fueran algún tipo de “prueba” para que el ego construyera ideas fijas acerca de lo infinito. Este es un error sutil que causa un gran daño a una ideología que de otro modo sería pura, ya sea que se trate del conjunto personal de ideas de uno o de la ideología de una sociedad espiritual. Si el misterio, la sutileza y la especulación libre son sustituidos por la concreción y la conformidad, entonces solo quedará el dogma. Los seres humanos armados con ideas exclusivas siempre terminan creando problemas para sí mismos y para los demás.

Siempre intento referirme a las ideas filosóficas del gurú de que la Conciencia Suprema es infinita y sin forma. Con aquellos que intentaban imponer la forma absoluta del gurú, solo veía una religión en proceso de creación y pronto aprendí que no tenía sentido discutir sobre estos asuntos. A lo largo de los años he enseñado meditación sin forma con un sistema completamente diferente a otras personas, sin referirme al gurú, y sin embargo muchos de mis estudiantes continúan teniendo experiencias profundas y sueños con el gurú. Es algo que simplemente continúa creciendo en silencio dentro de mí y de los demás.

El propio gurú solo dijo que era, es y seguirá siendo un misterio. Sin embargo, la filosofía que dejó es muy clara, racional y lúcida. Espero que otros encuentren algo especial en sus obras que estoy compartiendo. Fueron recopiladas como libros, pero todas están basadas en charlas que dio durante varias décadas a miles de personas.

Las técnicas de meditación tántrica fueron muy eficaces para despertar la kundalini, la energía divina latente que reside en la base de la columna vertebral. Se despierta mediante la concentración mental y espiritual. A medida que asciende por la columna vertebral, se desarrolla la función sutil de las glándulas y los órganos y la mente se va sintonizando gradualmente con estados cada vez más sutiles de conciencia espiritual. El resultado de este desarrollo biopsicológico sutil es el estado de samadhi: la unión con la conciencia infinita. En samadhi, la respiración se detiene, el corazón se vuelve muy lento, los pensamientos cesan y la mente experimenta un estado de dicha y realización acerca de la propia vida interior y del propósito de uno en este universo.

Comencé a entrar regularmente en el estado de samadhi sin respiración después de mi visita al ashram. Aunque eran muy intensas, las prácticas proporcionaban a la mente y al cuerpo la máxima cantidad de transformación biológica, psicológica y espiritual posible. Sin embargo, nadie me enseñó eficazmente cómo hacer descender nuevamente la kundalini. Durante años fui como una máquina funcionando a una capacidad acelerada. A veces entraba en trance mientras conducía y mi amigo tenía que agarrar el volante. Algunas veces me desmayaba y caía al suelo mientras estaba en un estado de ánimo espiritual. Una vez mi cuerpo saltó dos pies en el aire cuando la kundalini despertó abruptamente mientras estaba sentado en la postura del loto. No puedo saltar ni remotamente tan alto en loto si lo intento con mi máximo esfuerzo, ni siquiera usando las rodillas para impulsarme. Este ascenso constante de la kundalini en mí también afectó a otras personas, principalmente para bien, pero también de manera negativa.

Fui rechazado inmediatamente por muchos monásticos de la orden después de que la gente supiera que estaba teniendo estas experiencias. En varias ocasiones, varios monásticos me dijeron que si quería alcanzar esos elevados estados de samadhi y realización, entonces estaba en la organización equivocada. Al principio pensé que era absurdo. Yo solo había realizado las prácticas que ellos mismos me habían enseñado. Se supone que el samadhi, el trance espiritual, ocurre cuando la kundalini despierta después de una práctica sincera. Probablemente habría estado bien con ellos si ellos mismos hubieran tenido estas experiencias. Muchos hablaban de mis experiencias mucho más de lo que yo jamás lo hice, dentro de sus círculos de chismes. Finalmente admitieron que mis experiencias eran reales, pero dijeron que moriría antes de los 40 años debido a su intensidad.

Abandoné el refugio de una sociedad espiritual sin saber cómo hacer descender la kundalini, o al menos cómo hacer que no fuera tan intensa, y con el recuerdo de que este proceso probablemente me mataría si no se calmaba. Mi renuncia a esta sociedad fue, después de todo, una gran bendición. Me di cuenta de que la gente volvía a quererme, a pesar de que estos extraños fenómenos estaban ocurriendo dentro de mí. Siempre me había sentido querido y aceptado durante la mayor parte de mi existencia, y creo que esta aceptación social me dio la confianza para estar bien conmigo mismo y comenzar a explorar nuevos territorios del ser interior. Ahora me siento más en casa en una ferretería que en una sociedad espiritual de mente cerrada.

Mis experiencias de meditación regresaron con una intensidad y originalidad aún mayores. Gradualmente desarrollé mi propio sistema de práctica. Durante todos estos años nunca dejé de tener sueños con el gurú, en los cuales siempre me daba pistas muy interesantes. Nunca me daba nada directamente, sino que me guiaba hacia la comprensión de la práctica espiritual. Me di cuenta de que ya ni siquiera necesitaba meditar, pero que el gurú continuaba proporcionándome experiencias que profundizaban mi comprensión de la meditación. Ha sido una gran aventura.

Durante este tiempo me hice amigo de Pluma Blanca, un yogui maya de Campeche. En nuestros primeros encuentros compartió conmigo sus conocimientos sobre el Tantra del Árbol. Siempre se sentaba a meditar debajo de la ceiba. Me recordó cómo el gurú decía que es bueno meditar debajo del árbol de neem. También recordemos cómo el Buda alcanzó el nirvana debajo del árbol Bodhi. Uno toma el árbol como símbolo de la meditación y, al mismo tiempo, busca refugio real bajo el árbol y participa de su campo de energía electromagnética mientras medita.

Según los místicos mayas, “nada malo puede suceder mientras estés debajo de la ceiba”. La fuerza ascendente que crece desde la tierra ayuda a despertar la kundalini, mientras que la fuerza descendente de convertir el aire en masa y desarrollar raíces profundas en la tierra ayuda a hacer descender nuevamente la kundalini. La mente debe volar hacia arriba, hacia el espíritu, pero también debe regresar a la tierra, al menos mientras uno permanezca en esta tierra. Al igual que los yoguis de la India, Pluma Blanca decía que un yogui completa su práctica espiritual haciendo descender nuevamente la kundalini, desde la coronilla hasta el corazón espiritual. Esto proporciona una base para la mente a mitad de camino a lo largo de la columna vertebral. Uno puede estar alegremente involucrado en la existencia aquí y permanecer en un estado sutil de ser, mientras al mismo tiempo se mantiene arraigado y dentro del cuerpo.

Como la gran ceiba, uno se extiende hacia lo alto de los cielos mientras también hunde profundamente sus raíces en la tierra. Una fuerza kundalini sin control finalmente te liberará, pero puede matar tu cuerpo si no tienes cuidado. Uno puede apegarse a la dicha y a las experiencias espirituales, pero debe saber cómo equilibrarlas. Es mejor guardar esa intensidad para cuando realmente llegue el momento de abandonar todo trabajo y, con ello, el cuerpo físico, y nunca antes. Como dicen los Upanishads: “Desea vivir cien años mientras trabajas en gozosa unidad con Brahma”.

He llegado a estas conclusiones no a través de una vida cómoda, sino a través de la austeridad; no a través de la fe, sino a través de la experiencia. Nunca he tenido mucho en esta vida y, cuanto más vivo, menos parece que tengo. Todo aquello a lo que no he renunciado voluntariamente termina siendo arrebatado de todos modos. Tal es el camino de la contemplación. Esto es felicidad y libertad.

El Tantra Maya, al igual que el Tantra y el Taoísmo, fue desarrollado por personas que poseían casi nada y vivían en los bosques o las montañas. Continúo encontrando en esto una fuente de inspiración y espero que otros puedan ver que existe un gran potencial para encontrar formas prácticas de espiritualidad que no sean productos de la dialéctica histórica, que no hayan sido creadas para la conveniencia del imperio, ni para la comodidad de la clase gobernante, ni, en los tiempos modernos, para el mercado pseudoespiritual. No pido que todos nos convirtamos en ascetas como los yoguis y los taoístas, pero si ellos pueden encontrar la dicha con casi nada, quizá aquellos de nosotros que vivimos de una manera más “cómoda” podamos comenzar a comprender de qué están hablando estos místicos.

El Tantra Maya es una síntesis entre las antiguas prácticas espirituales de los mayas y el sistema clásico de meditación tántrica de la India. Tantra deriva de dos palabras sánscritas, “ta”, que significa aturdimiento o embotamiento, y “tra”, que significa expansión. Tantra es, por lo tanto, “expansión desde el embotamiento”. Es la práctica espiritual racional y ética de utilizar el yoga y la meditación para expandir el potencial espiritual de uno.

“Tantra Maya” tiene un doble significado. Se puede interpretar “maya” como las prácticas espirituales del pueblo maya. Estas prácticas han sido transmitidas a través de linajes mayas durante siglos. Al escribir sobre Tantra Maya, interpreto “maya” según la definición sánscrita: el misterio divino de cómo el ser infinito se oculta a sí mismo en el reino finito a través de cada uno de los seres, solo para finalmente desear regresar a un estado de unidad esencial con la conciencia infinita.

El Tantra Maya es, por lo tanto, el estudio avanzado y experimental del Tantra como una ciencia intuitiva universal, así como un sistema de meditación maya. A lo largo de los años he desarrollado algunas prácticas básicas de meditación y yoga como una síntesis de estos dos linajes. En mis libros he tratado de explicar las profundidades de estas filosofías tántricas en términos de la psicología humanista moderna.

Las prácticas de sanación y meditación del Tantra Maya son notablemente similares a las prácticas orientales del Tantra Yoga. Al igual que el Tantra Yoga de la India, el Tantra Maya fue desarrollado en la selva por místicos y sanadores mayas que vivían cerca de la naturaleza. Muchos de los ejercicios y posturas de meditación reciben nombres de animales. Ambos sistemas son ciencias prácticas, en el sentido de que el practicante sigue ciertas disciplinas y medita para comprender y verificar el conocimiento teórico que estos sistemas ofrecen.

La práctica del Tantra Maya también incluye la sanación, la herbolaria y la astronomía. Todas eran una sola ciencia integrada. Aprendí algunas técnicas de meditación necesarias simplemente para comenzar a comprender la astronomía maya, que es una ciencia intuitiva que requiere una experiencia mística directa. Esto requiere unificar la pequeña existencia microcósmica de uno con el Macrocosmos, el universo como un todo.

Este tipo de experiencia mística era muy diferente de lo que anteriormente había entendido como misticismo. Supongo que mis ideas eran más clásicas. Siempre me gustaron los Upanishads, el Taoísmo y contemplativos como Meister Eckhart, Plotino y Ramana Maharshi. En mi opinión, representaban la cúspide del conocimiento espiritual.

El Tantra Maya es una forma muy elevada de misticismo de la naturaleza. Su propósito es comprender la subjetividad pura del ser interior, como en el misticismo clásico, pero al mismo tiempo desarrollar una conexión profunda con la creación natural. Uno contempla el espíritu interior para la autorrealización mientras se conecta con los reinos sutiles de la naturaleza para trabajar con el Macrocosmos vivo y vibrante y servirlo.